
No son muchas las cosas que te pueden ocurrir antes de las nueve si duermes en casa. Ducha, radio, desayuno, palabras, gestos, frío, calor, calcetines, medias, camiseta (no, mejor camisa), vaqueros, cinturón (¿dónde habré puesto el jodido cinturón?), ostras, el café, que no llego, metro, coche, antes un poco de internet (no se descarga la página, tu novia no te ha enviado ese mensaje, ¿qué mensaje?, El que me había prometido desde el móvil, esa foto con su gato en la que su gato no parece un gato sino un alienígena en forma de animal de compañía), el espejo (achicas un poco los ojos a ver si es verdad que te han salido arrugas, ayer una chica con la que tonteas en el trabajo te dijo que te quedaban muy bien esas arrugas, pero si yo no tengo arrugas, niña, ni yo soy tan niña, te dijo ella, sonriendo, qué sonrisa más bonita tiene, pero si tienes novia... Sí, esa que aún no te ha enviado la foto de su gato), jo, en realidad odio a ese gato, la última vez que le vi intentó arañarme, ¿será porque hicimos el amor delante de él?, a lo mejor me tiene envidia porque me follo a su dueña, pero si es sólo un maldito gato, esta vez me corto el pelo, tanta melena, tanta melena, sólo para ver el pelo que se me cae cada mañana, de hoy no pasa, upp,s las ocho y cincuenta y nueve. Me voy.