martes, noviembre 13, 2007

Tampoco soy yo

Somos muchos. Desde la primera apertura de ojos por la mañana, legañoso, frío, descolocado a veces, uno empieza a ver colores, o la vida en blanco y negro. Ayer fui a ver Control que no sé si se habrá estrenado en España, un retrato muy vivo sobre Ian Curtis, una de las leyendas del rock y del pop de finales del siglo pasado. La decadencia y la genialidad, la tortura y el amor, la pureza y la lucha, el suicidio y la alegría... Son términos contrapuestos, claroscuros que rodea la vida que termina en la muerte. La mirada brillante que desprendía hacia fuera le fue marchitando dentro. Los dos mundos implacables chocaron y él se quedó en medio, sin nadie a quien agarrarse en la desesperación por ser lo que al final no pudo llegar a ser. En tierra de nadie. Un hombre. Kipling lo dijo en uno de sus poemas más famosos. El hombre y la persona, la alegría y la pena, la dignidad y el amor. Todo lo fue él, todo lo quiso. No se guardó nada y lo acabó perdiendo todo. O eso creía él.
Seguimos comprando sus discos y cantando sus letras. Porque Love will tear us apart.
Ayer cenamos con Sheryl, una mujer que practica la alegría. Sigamos su ejemplo.

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