miércoles, noviembre 14, 2007

Mirar

Ya las hojas se caen. Ya las hojas han dejado de ser verdes. Ahora son de colores incandescentes. Colores memorables que pitan la ciudad como si ya no fuera Atlanta, como si fuera Europa, ese continente que se hunde rodeado de negros que piden paso. Es el otoño, noviembre, un mes que parece un artista dispuesto a hacer su última obra maestra, como si hubiera un último momento para decidir, para rebobinar hasta el verano, cuando todo era verde y los niños jugaban con ese columpio que ahora apenas se tambalea cuando juega con el viento, ahora frío, viento de bufandas y de rayas que nublan la vista, al menos la hacen más corta, pero sí definitivamente, más bella. Porque mirarte en noviembre es un regalo. Todavía.

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