viernes, noviembre 16, 2007

Madrid

No pillé un taxi. ¿Por qué? No me gustan, salvo por la noche, que es cuando verdaderamente los necesitas. Y cuando puedes pensar en otras cosas que no tienen que ver con el tiempo y los atascos, la mala leche y la suerte, sino que piensas en la cama o en alguna película o incluso en alguna chica escurridiza que quiso mirarte una sola vez durante toda la noche. Por las noches los taxis son una especie en vías de extinción, como los lugares en los que uno se encuentra realmente bien, en silencio o escuchando de fondo algún disco de cuando uno era más joven y quizá mejor persona. El sol engaña a la vista. Hace frío, el aire sopla en los dos lados de la calle y las esquinas no son de este mes. Las gafas de sol ayudan a cruzarse mejor por este vericueto de calles que luego se transfroman en ciudad visible. Pero yo prefiero la invisible. La mía. La que no comparto. La del silencio.
Este mes es el de los momentos. Tendré unos cuantos este fin de semana.

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