sábado, noviembre 17, 2007

ira

La ira es una de las cosas que más miedo me da. No tanto en mí, sino cuando la veo en la mirada de los otros. Esa insoportable necesidad de violencia verbal o física, esa lúgubre tendencia de destrozar otros ojos, otras miradas, se me antoja imposible en mi forma de ser. Pero la temo. Y cada día más. Anoche compartimos una gran noche con esos dj que siempre tienen una sonrisa en la boca, que disfrutan con la música cada segundo, que miran a los que bailan, que intuyen lo que bailan y que intuyen un poco la felicidad de la gente que lo quiere ser. Hasta las chicas desconocidas de los rincones hacían que las paredes y las esquinas tuvieron su ración de baile y fiesta. Allí había también amigos y conocidos, se confunden a veces y te sacan de quicio otras. Se les veía relajados y hambrientos de conversación y movimiento. Hubo de todo. Creo que al final hasta karaoke, de ese que no pasa por ser un juego en manos de gente con la voz rota del tabaco y el alcohol. Yo no llegué hasta allí. Me esperaba Rita silbando y escuchando un poco el disco de Eddie Vedder. Con él me fui a la cama. Y que conste que no soy gay. Tampoco tengo ira. Tengo otras cosas. También amigos

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