jueves, diciembre 20, 2007

Boquiabierto

La situación es desesperada. A las cosas habría que llamarlas por su nombre, así que lo que vi ayer en el canal autónomico de las islas Canarias fue bochornoso. Un tipo con voz cargante y semblante cambiante iba introduciendo lo que eran las historias de su programa, cargadas todas de amarillismo y tontería, que viene a ser lo mismo. Duré viéndolo tres minutos preguntándome en cada momento si era posible lo que estaba viendo.
La historia de esta tele es para escribir una novela. Ahora la dirige un tipo, Willy, que es amigo del gobierno y que retransmitía por la radio los partidos del Tenerife. En su carné no pone que es periodista pero él como si lo fuera. Los demás periodistas arriman el ascua a su sardina mientras que en la tele siguen una línea de empuje al gobierno regional del que curiosamente forman parte los partidos menos votados en las últimas elecciones. Es triste ver cómo profesionales por los que uno sentía respeto, Daswani, se meten a vanagloriar a unos políticos que no dejan que se les mueva del asiento, aunque hayan hipotecas que resolver... Mientras ese tipo seguía poniendo caras y ajustando su tic nervioso a las tonterías que decía. Apagué la tele y me fui a dormir no sin antes leer un poquito.
Hablando de leer. Es curioso comprobar que en el último libro de Cormac MacCarthy, La carretera, se hace una referencia a un barco que se llama La Esperanza de Tenerife. De nuevo, una contradicción en mi vida. Y van...

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