domingo, noviembre 25, 2007

La luna

Es luna llena. Si os asomáis a la ventana, la podréis ver, casi tocar. Me gusta pensar que la luna sale para uno. Pero claro, esto no es así. Sale para todos. Muchas veces bajaba a la playa después de estar de copas para ver cómo el oceáno engullía a aquella cosa tan redonda y tan reluciente. Dejaba su marca en el horizonte como despidiéndose hasta dentro de un mes. Un mes entero, treinta días sin contemplar uno de los espectáculos gratuitos más eternos. Como tú. Sí, justo dentro de un mes estará saludando de nuevo, desde allí arriba como si nada. Como Pink Floyd le cantaba al lado oscuro de la luna, el mar la arrulla hasta el amanecer. Hoy el amanecer será claro y frío. Demasiado frío a estas alturas de mi vida. Pero es que mi vida es como la luna: fría y luminosa a la vez. Las luces que necesité se encienden ahora una detrás de otra y no hay manera de que se apaguen. Acaso yo no quiero que se apaguen porque la vida fue generosa y yo un egoísta. O simplemente, admiraba la luna y no miraba siquiera mi sombra. ¡Hola!, sombra, le dije no hace mucho tiempo. Tardó en contestar, pero me sonrió. Con eso basta. La sombra ya no fue oscura nunca más.

1 comentarios:

Blogger hell ha dicho...

A veces tambien puede ser amarilla

7:16 a. m.  

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