martes, septiembre 26, 2006

¡Esto es una película!


¿Qué es el buen cine, dónde está? Es una pregunta que nos hacemos mucho, la contestación ni siquiera vamos a tratar de encontrarla. Es un imposible.
Lo que sí podemos hacer es hablar de las películas que hemos visto en San Sebastián este fin de semana. Y empezamos por The backwoods, la opera prima de Koldo Serra con Gary Oldman como mejor carta de presentación y nos tememos que la única porque la película deja bastante que desear. Un casting desastroso (parece que obligado por la maldita necesidad de conseguir el reparto de puntos en una coproducción España, Inglaterra y Francia y un guión endeble, hace que la historia desaparezca infinidad de veces en la hora y media de película. No hay manera de saber lo que les pasa por la cabeza a los personajes protagonistas. Ni por qué hacen lo que hacen. Un detalle. Que aparezca el sol en un día de lluvia cerrado, con el cielo más gris que te has imaginado, es para que alguien se diese cuenta en la mesa de edición. Ah, por cierto. En las salas de cine de este jodido país van a doblar la película. Lo que le faltaba al pobre Serra.

Children of men. Riesgo no tan futurista de Cuarón, la película naufraga en al menos dos cuestiones: la falta de desarrollo de los personajes lo que impide cualquier conexión con ellos (sí, de acuerdo, te puedes reir con los chistes fáciles y la sorna de Owen) y la credibilidad de la historia: es tan poco futurista que la película se queda a medio camino. No puede ser futurista lo que ya pasa hoy en día. O damos futuro, o nos quedamos en el telediario de las tres de la tarde. La premisa de la película es muy interesante pero no se puede dejar en sus hombros todo el desarrollo del resto del metraje. Lo mejor: el plano secuencia de la batalla y la persecución en el coche. Un detalle: el atlántico nunca ha estado tan Alatriste.

Babel. O la tercera y parece que última vuelta de tuerca del dúo Iñarritu-Arriaga. El dramón al que somete al espectador el dúo mexicano puede provocar irritaciones estomacales de todos los colores. Y quizá no hagan tantas alforjas para ell mismísimo viaje a la desolación, pero su capacidad narrativa y, sobre todo, su aventura visual sí que merecen la pena. Esto es cine en el mejor sentido de la palabra, donde las imagenes desgarran hasta decir basta.

Más allá del espejo. Hay gente que se mira en el espejo y no se reconoce. Todos aquellos que han intervenido en esta última película de Joaquín Jordá siempre se podrán mirar en esta película-espejo y siempre se reconocerán. Magnífico ensayo sobre la grandeza humana ante los desastres de la mente. Una estupenda lección de cine de silencios, de sufrimiento, pero también de superación y entrega. Donde no alcanza un guión, siempre alcanza la vida de una persona. En este caso quédense con la vida de Esther Chumillas. Nos ayudará a vernos mejor en el espejo.

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